A ver… cuando hablamos del carisma de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, no estamos hablando de un superpoder raro ni de algo que solo entienden las religiosas. ¡No! Hablamos de una experiencia viva y brutal del amor de Dios, un amor tan fuerte que te revuelve por dentro y te empuja a salir, a darlo todo, a hacer lío, a meter el corazón donde haga falta. 🫀🔥
Nuestro punto de partida es claro: Dios ama tanto al mundo que nos llama a responderle con una entrega sin peros, de esas que lo dejan todo y se lanzan al camino. ¿Para qué? Para que su amor llegue hasta el último rincón, especialmente donde nadie más quiere ir. 🛶🌎
Sí, evangelizamos amando. ¿Qué significa eso? Que no se trata solo de hablar bonito de Dios, sino de hacer visible su amor con acciones concretas 💪: estar con las mujeres en un taller de costura, enseñar a leer, cuidar enfermos, acompañar procesos de justicia, formar líderes comunitarios, o dar clase en una escuelita de la selva. En todo eso, ¡le metemos corazón! Y eso se nota. Porque cuando el amor de Dios pasa por nuestras manos, por nuestras palabras y por nuestras miradas, la gente se transforma. Empieza a vivir de verdad. 🌱💫
Nosotras lo tenemos claro: hemos sentido la llamada a salir. A dejar nuestras seguridades y caminar hacia donde Dios nos quiere. A veces es duro, claro. Pero es también una locura hermosa. Una locura de amor. Porque sabemos que no se trata solo de nosotras, sino de que Él quiere llegar a todos y todas, y nos elige como medio para hacerlo. Y cuando te das cuenta de eso… ¡pues cómo no vas a corazonar fuerte y hacer lío por donde vas! 💃🌍🔥
Y ojo, que no vamos solas. Caminamos bebiendo de tres fuentes que nos sostienen el alma:
💓 El Sagrado Corazón de Jesús: el corazón que late por el mundo entero.
✝️ La espiritualidad ignaciana: para discernir, escuchar y actuar con sentido.
🌍 La vida en misión: la experiencia concreta de estar con el pueblo, de dejarnos afectar, de vivir mezcladas con la realidad.
Ah, y hay alguien muy especial que nos acompaña siempre: María, la madre. Que nos cuida, nos anima y nos empuja a seguir dando pasos cuando el camino se pone difícil. Ella también es parte de esta historia de amor misionero.














